Memoria histórica de los mineros de Siglo XX

Luis Oporto Ordóñez
Monumento a los líderes mineros en la plaza del Minero en Siglo XX

Luis Oporto Ordóñez
Director de Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa
a Compañía (chilena) Estañífera de Llallagua se afincó en Catavi para explotar los yacimientos mineralógicos de las montañas de la región, luego del tratado de 1904, hasta que Simón I. Patiño, en un audaz golpe de mano, adquirió las acciones de la empresa chilena erigiéndose en dueño y señor del extraordinario yacimiento minero, donde instaló el corazón del capitalismo de enclave, en la Casa Gerencia de Catavi. 
En 1924 Patiño transnacionaliza su industria y la registra en Delaware, Estados Unidos catapultándose como el ‘Rey del Estaño’ a nivel mundial. Desde entonces, el Departamento de Estado de EEUU, el pentágono y la CIA, controlaron de cerca la explotación de minerales, esencial para su expansión industrial imperialista. Patiño y su rosca eran dueños y señores del congreso, del palacio de gobierno y de los juzgados. Sin embargo, en 1923 los mineros protestaron por mejores condiciones de trabajo y de vida.
Los obreros entraban jóvenes a la mina hasta extinguir su existencia en los insalubres socavones, como los mitayos de la colonia, forrando los parajes con sus esputos cargados de tuberculosis. La minería privada respondió con la masacre. En 1942 el ejército sembró de cadáveres el distrito. En 1949 cambió la correlación de fuerzas. Los mineros detuvieron a la fuerza armada, tomaron rehenes norteamericanos. En ese proceso nació una generación de líderes revolucionarios.
En una lucha desigual con el ejército de la oligarquía forzaron a la nacionalización de las minas, el 31 de octubre de 1952, e impusieron el control obrero con derecho a veto. A lado del jerarca de la Comibol estaba un minero revolucionario, duro, rebelde. Ni un tornillo se compraba sin su autorización. Era el poder dual que caracterizó la primera época del sindicalismo revolucionario. La CIA encumbró a Barrientos quien desplazó a Paz Estenssoro. Ordenó las masacres de 1965 (septiembre) y 1967 (San Juan), para destruir el sindicalismo revolucionario. 
El epílogo de esa lucha desigual fue el D.S. 21060, que logró doblar el brazo al nuevo liderazgo minero. Siglo XX, distrito minero donde nació la Tesis de Pulacayo, inmortalizó a sus próceres mineros, levantando un imponente monumento en bronce al minero de la revolución de 1952, un busto en piedra a César Lora (1965), un monumento en bronce a Federico Escóbar Zapata (1967), desafiando a Barrientos, militar genocida. Luego los mineros mandaron esculpir en bloque granítico con las efigies de Isaac Camacho, César Lora y Guillermo Lora.